Kike M cierra 2025 en Bilbao y Madrid con Aguanieve

El año se está muriendo. Cada vez lo hacen más rápido. Dicen que es consecuencia de estar ocupado, también que los años se acortan con la edad. Yo así lo voy experimentando y este espacio a veces es un respiro: vergel donde en ocasiones aflora algo de perspectiva. Estas despedidas del mundo del espectáculo tipo «ultimo show de…» siempre tapan la mentira del propio deseo de regresar al escenario, tan sólo se las puede tomar en serio como excusa para agarrar de nuevo ganas de hacer que las canciones enlatadas en plataformas y dispositivos, al fin, cobren vida.

Conocí a Íñigo López hace poco más de un año en la etapa final de la grabación del segundo disco que venimos llevando de aquí para allá este último tiempo. Me lo presentó Iñaki (Uoho) y me dijo que era la voz que necesitábamos para que los coros no sonasen tan a mí y así ganar un matiz más en la paleta de la mezcla. Aparte de cantar técnicamente impecable, Íñigo empastó de maravilla con mi voz y conmigo, vamos, que nos caímos bien. Yo le seguí la pista y descubrí su reciente andadura al frente de Aguanieve con ese indie-rock melódico que tanto engancha. Así que le lancé la propuesta de compartir tablas y aquí estamos, a poco más de una semana vista de unir fuerzas en Bilbao y Madrid.

Como son los últimos dos conciertos de este año y el 2025 ha sido tan bonito decidí tirar la casa por la ventana y arriesgarlo todo para sonar como a mí me gusta, acompañado por La Banda Absoluta. Está visto que yo no soy de números y por más que el mundo se empeñe yo me resisto a la lógica del capital y voy siempre derecho al acantilado, no he mirado ni cómo van las entradas por miedo y por evitarme el látigo. Uno hace lo que puede para que la épica artística traspase los algoritmos pero nunca es suficiente. Pero voy con la misma energía y pasión que a cada concierto. Esta última frase puede sonar de libro de autoayuda pero contiene una de las pocas verdades de las que puedo regodearme. Desde hace unos años lo único en lo que no puedo fallar es en permitirme el lujo de no ofrecer un concierto verdadero, vivir las canciones como si fuera la última vez, mostrarme todo lo artista que soy.

Así que mañana hemos quedado para hacer un ensayo general que seguro que tiene más para mí de gozo que de trabajo porque juntarme a tocar con gente sensible y talentosa es la parte buena de este gremio tan 360interdisciplinar de los cojones. Al igual que merece la pena haberse enamorado a pesar del dolor de no ser correspondido a mi me sigue compensando salir a la carretera a hacer sonar mis canciones.

Dejo aquí los enlaces a las entradas como quien lanza dos botellas al infinito azul de la gran red mundial. Me sigue pareciendo un hechizo incomprensible que haya un puñado de repetidores dando vueltas al rededor de la tierra que hagan posible esta web.