Resumen de año de Kike M

Sigo mi camino a poquitos. Por aquí dejo un resumen en crudo texto de lo que ha sido para mí este 2025.

Quiero comenzar sin acudir a datos y sin deslizar el dedo a lo largo del feed de Instagram. Diré que mi sensación ha sido la de un año de muchísimo aprendizaje y crecimiento. Es obvio que a base de tocar se adquieren tablas, y sin darme cuenta he ido puliendo mi forma de mostrarme en directo —que estaba un poco más abandonada que mi forma de mostrarme en las redes— y para mí eso es mucho más importante. Me he recordado que la música está viva en los escenarios, en la gente que se lleva uno de esos discos-souvenir que transporto en mi maleta gigante, en la manera en que el público reacciona a mi música justo en el momento en que estamos actuando, en lo valiosa que es la interpretación bajo el foco.

Por otro lado, no paro de cerciorarme de la inmensa fortuna que tengo con la gente que me acompaña. No hablo solo de la calidad interpretativa, la capacidad de improvisar, la sensibilidad a la hora de tocar, el manejo de las dinámicas o la expresividad y el conocimiento del instrumento… todo eso apenas dura una hora y pico (y no deja de ser un tremendo placer y el motor de todo). Hablo de la camaradería y de la manera en que nos cuidamos. Este año ha sido vital el trato humano que tengo con mi equipo. No paro de darles las gracias en persona, pero también quiero hacerlo en esta especie de diario-web.

Me he dado cuenta (de nuevo) de que, aunque tengo la capacidad de defender mis canciones en solitario con solvencia, no es algo a lo que desee tender. Me gusta manejar un concierto yo solo y siempre es muy revelador, pero aunque aprecio mucho la soledad viajando —a veces, conducir solo es lo más parecido a meditar que puedo experimentar—, salir a tocar solo se me va haciendo más cuesta arriba cada año. Por suerte, este 2025 ha sido mucho de compartir.

Ahora sí, voy a tirar de redes para que me chiven cómo ha sido todo, porque en mi mente los años siempre han comenzado en septiembre y me hago un lío tremendo.

El 2025 empezó con conciertos. El primero fue en Valladolid, en el Café Teatro, donde sí que fui a dar batalla y a gozar en soledad. Mientras, en ese mismo mes, estuve grabando lo que sería una de las grandes colaboraciones de mi carrera: Depedro cantó «Cigüeñas» conmigo, un tema que sospecho me acompañará toda la vida porque me define y me acerca a mis raíces voladoras. Poco después conocí a Raúl de «El Sombrero del Abuelo», que me propuso un concierto a pachas en Libertad 8 que fue precioso. Mientras tanto, ya cogía forma mi gira con el cantautor sevillano Juan Rodot, del que tantas cosas buenas he aprendido. La gran anécdota memorable fue que el apagón nos pillase dentro de un tren y no poder volver a casa hasta el día siguiente, después de dormir en el pabellón de un pueblo de Sevilla… Gracias, hermanito, por darme más calle y por acercarme a tu universo; nuestra gira «Bordillo y Arcilla» será una aventura épica para contarle a los nietos de alguien 🙂

Los meses se fueron sucediendo y el invierno también me llevó a la Sierra de Madrid con Manu y Gabriel. Este año, el formato trío ha sido fundamental para llevar mi música a un montón de lugares nuevos. También se ha consolidado «La Banda Absoluta», el formato que más me representa, con la incorporación a finales de 2024 de Dani Pastor a la eléctrica y también la potra de contar con el gran Ángel Calvo, que cubre tanto bajo como guitarra eléctrica cuando tienen que ausentarse alguno de los dos titulares. Gracias infinitas, Ángel y Dani, por entender el proyecto y aportar tanto. Con este quinteto compartimos escenario junto a Abrakabalkan, otro gran descubrimiento del año; gracias por ser extremadamente majos, ¡qué bien lo pasamos en Palencia y Salamanca! En Barcelona fui con el trío por primera vez y compartimos noche con De los Jardines, el proyecto tan elegante que tiene mi colega Raúl Jiménez. Otra gran revelación fue Connie Corleone y su hospitalidad en El Corazón Verde; este 2026 tenemos muchísimas ganas de volver a ese oasis en Zaragoza.

Entre concierto y concierto, recibí la noticia de que estaba nominado a los premios de la Academia de la Música Española como mejor álbum de rock y mejor canción de rock. Aunque no cayó ninguno de los dos para mí, ya es un tremendo salto ser reconocido de esta forma, y fui a la gala, donde me dio muchísima esperanza toparme con algunos colegas de gremio que están dando también grandes pasos.

En Málaga nos reencontramos con una vieja amiga, Sandra Corma, con la que hicimos un ida y vuelta y con la que de nuevo aluciné por el vozarrón que tiene. Después vino la colaboración con mis amigos de Ombligo, de los que soy fan desde hace muchos años: ¡qué capacidad para transformar mi «Ojos de dragón» dotándolo de su personalidad ¡tan genuína! Sois increíbles.

Y luego llegaron los festis, empezando con una fecha super especial: el Mejillón Rock en San Martín del Castañar, el pueblo donde se gestó este disco que tantas aventuras me está lanzando a hacer. Después se sucedieron Corral Fusión, Leturalma, Sonorama y el Festival de la Luz, fechas con las que he crecido y aprendido muchísimo. Y solo falta la vuelta al cole, con la que seguí girando y que me ha llevado a este último periplo junto a la banda bilbaína Aguanieve, con Íñigo López a la cabeza, que son unos super profesionales y unos tíos majísimos. ¡Gracias por acogernos y por vuestro talentazo!

Mientras sucedían estas aventuras, salió por fin el primer tema grabado en el concierto de presentación del disco con la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca, con vídeo incluido del tema «Cascabel«. Qué bonito recuerdo para cerrar este año, no sin antes mencionar la alegría que ha sido que me seleccionasen en el circuito de Girando por Salas 2026, del que muy pronto os contaré más porque nos va a acercar a salas de todo el país con La Banda Absoluta. Ahora toca aprovecharlo todo al máximo.

El 2026 lo intuyo como bisagra, como puente entre dos momentos vitales y artísticos importantes. ¿Puedo equivocarme? Por supuesto, pero a mí que me quiten lo cantado.